Durante mi carrera profesional he tenido la oportunidad de trabajar con emprendedores, inversores y empresas en el desarrollo de ideas de innovación. Al mismo tiempo he creado 3 startups, invertido en 14 y mentorado mas de 100 empresas emergentes. Es así como, he sido testigo y a veces participe de un miedo estrepitoso al fracaso, a intentar de cualquier modo disminuir y mitigar cualquier riesgo, hasta casi eliminarlo. Esto no solo afecta las perspectivas de crecimiento y desarrollo de una idea –a menor riesgo, menor recompensa, pero también afecta el como emprendedores y ejecutivos abordan nuevos proyectos y el valor que esos proyectos pueden generar.

Nos criamos en una sociedad que venera el éxito. Desde deportistas a políticos, pasando por ejecutivos y trabajadores, en general, todos quieren ser exitosos. Y es que entendemos el éxito como una manera de progresar, de evolucionar, de crecer y de finalmente obtener un mejor “estatus”. El éxito es entonces, el fin ultimo, lo que nos ayudara a ser mejor y a continuar evolucionando… Sin embargo esta misma obsesión con el éxito, nos lleva también a renegar el fracaso, esconderlo, y evitarlo a toda costa. Disminuir los riesgos que tomamos, y remplazar el riesgo por el “riesgo calculado”, es decir algo donde el factor riesgoso ha sido disminuido a mínimos y donde la incertidumbre ha sido reemplazada por un “resultado esperado”. Donde queda la creatividad cuando seguimos este enfoque? Como conseguimos innovar, cuando el riesgo es nulo? Es la disminución del riesgo algo que afecta nuestras posibilidades de crecer y desarrollarnos? Es el fracaso un elemento que coarta nuestra capacidad de crear?

Quizás, es que simplemente, no vemos el riesgo y la posibilidad de fracasar como lo que en verdad son. El fracaso no es entendido como una forma de aprender, de evolucionar y finalmente de crecer, sino como un evento repudiable, digno de lastima y de vergüenza.

Desde el punto de vista de experiencia, tanto inversores como ejecutivos, prefieren emprendedores que hayan fracasado. Pues es la situación inconfortable de un fracaso, lo que pone a prueba no solo el carácter del emprendedor, sino su capacidad de poder re-inventarse y re-lanzarse.

Casos de emprendedores como los que describo hay por millares, desde Steve Jobs que tras crear Apple fue expulsado de su propia empresa, se reinvento en Pixar y luego volvió a Apple para tornarlo en la empresa de mayor capitalización bursátil del NASDAQ; hasta el pequeño empresario que decidió lanzar su propio emprendimiento y que lucha contra la burocracia, flujo de caja, atraer talento y conseguir clientes. Para todos ellos, fracasar es una forma de crecer. Así que, emprendedores a emprender sabiendo que fracasar es una opción! Tras la cual emprenderán mejor. Suerte!

Comment